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“Sí hay vida después del cáncer” por Anderson Peña

Anderson Peña y Kelly Villadiego, radicados en Santa Marta (Magdalena), viajaron a Venezuela en 2006 junto a su hijo Anderson de 2 años en busca de una oportunidad laboral que mejorara su calidad de vida.

 

9 años después de sacrificios para poder tener una estabilidad económica, el pequeño Anderson se enfermó. Los síntomas de que algo mal le ocurría eran fiebre y dolor en sus articulaciones. Su madre lo llevó de inmediato a urgencias, le hicieron los exámenes médicos correspondientes y al tener los resultados, el especialista no tardó en informarles que su hijo padecía ‘Leucemia’.

 

“Al escuchar eso no pude contenerme, lloré como nunca antes lo he hecho frente a mi hijo. Él me preguntaba que si se iba a morir y yo de solo escucharlo sentía una gran desesperación. Ese día con mi esposo tomamos la decisión de regresar a Colombia, a Santa Marta, donde estaba toda nuestra familia. Al llegar, Coosalud agilizó todos los trámites. Lo recibieron y rápidamente atendieron su tratamiento”, cuenta su madre Kelly.

 

El primero de mayo de 2015, Kelly lo llevó a la ‘Clínica Mar Caribe’ donde contó con un servicio óptimo para su hijo. “Coosalud ha tenido una atención fenomenal desde el principio. No me niegan nada. Realmente, todo lo de Anderson es rápido”, agrega.

Cuando todo parece complicarse

En junio de 2016, Anderson y Kelly atravesaron uno de los momentos más difíciles como padres.  Una quimio le hizo sobredosis a su hijo, lo que generó efectos secundarios y desató  una pancreatitis. Un mes y medio en UCI (Unidad de Cuidados Intensivos) fue el tiempo que estuvo hospitalizado.

 

“Cuando me empecé a enfermar no sabía qué era lo que me pasaba. Y cuando me hospitalizaban lloraba porque me puyaban mucho: en la mañana, al mediodía y en la noche. ¿Quién no iba a llorar con todas estas puyas”, recuerda el pequeño Anderson.

 

Kelly oraba por la sanidad y recuperación de su hijo. “En ese momento difícil creí que Dios era el médico por excelencia y el niño empezó a tener mejoría”, resalta.

 

Dos años después de tratamiento, el avance y progreso de Anderson ha sido sorprendente, de acuerdo a lo que dicen los médicos que lo trataron. Esperan que la medicación finalice este año, luego de cumplir los 26 meses estipulados.

 

Él sabe que no puede correr, saltar ni agitarse, pero sonríe todo el tiempo y disfruta dibujar, ir al colegio y jugar play con su hermano. Su sueño es ser veterinario.

“Antes quería ser futbolista, pero me di cuenta que ellos se fracturan mucho los pies y las rodillas. Así que prefiero cuidar a los animales. Mi mascota favorita es el perro”, cuenta Anderson mientras juega con Andrés, su hermanito.

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